sábado, 5 de noviembre de 2016

(7)

Del último encuentro, tras su insinuación de establecer una relación emocional donde había garche y conversación amable, surgió la pretensión de una nouvelle (siempre inconclusa). 
Habíamos tomado una cerveza, ella había delirado al almacenero pajero –con cara de almacenero pajero- que nos la vendió (gesto que adoré, es cierto) y nos habíamos besado descontroladamente al resguardo de la escasa iluminación de una plazoleta con nuevas luminarias. Nos fuimos al auto, buscamos un lugar poco transitado donde estacionar, continuamos besándonos y nos bajamos los jeans para acariciarnos. Nos chupamos. Lo disfrutamos. Ella no quiso que acabara en su boca, la próxima vez sí, dijo (diría que prometió pero eso implicaba una continuidad que, ya mascullaba, no iba a ocurrir). Después me pidió que la alcanzara a una remisera para irse a la casa que todavía compartía con su Ex. 
La dejé en la vereda de enfrente, como Borges a la Luna, y la mire cruzar la calle. Me saludó antes de subirse y nos fuimos en opuestas direcciones. No volví a contestarle ningún mensaje. Cuando mi amiga troska me hizo referencia a ella, fui frío con la respuesta. Mi amiga no insistió. 
Obviamente, seguimos leyendo poemas unos meses más hasta que algún tarado de turno la embarazó y ella, revolucionaria y cuestionadora de la tibieza de Evo Morales, no se animó a abortar.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

(6)


¿No voy a mencionar nombres en este relato? ¿No asignaré a ninguno de los personajes, los femeninos que abundan, siquiera una inicial o vocal o fantasía identitaria? ¿Y si alguien comete la torpeza de leer en estas líneas un proceso no-literario? ¿Si alguien desmitifica la ficcionalidad de lo narrado en base a la confesionalismo coloquial del mismo? 
No, los personajes de esta historia entrarán y saldrán de ella anónimamente, sin beneficio de inventario. 
Sí, esto es ficción: la realidad entrará y saldrá de la narración sin marca identitaria.