domingo, 12 de febrero de 2017

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Por ejemplo: no puede ser escandalosa la corrupción. Nadie debería escandalizarse por eso, es de un coloniaje moral increíble. No puede de ningún modo ser aceptada como una variante política o crítica, en conducción de la Patria, en pos de la justicia social. Pero los medios y la oligarquía siempre han dominado al mediopelo progresista moderadísimo, es decir, al gorila con culpa, con ese latiguillo moralizante. Corrupción, corrupción, escucha el burgués mental y es capaz de pegarse un tiro en las bolas sin mirar nada más.
Los Nosotros también aportamos a ese mito: pero es mito (haceme acordar que más adelante discurra sobre esto en particular). Pero esto es una estrategia, y eso lo aprendí de Bakunin o mejor, reinterpretándolo: el Poder corrompe, dice, el poder es corruptor es corrupción lisa y llanamente, por eso (sea quien sea el Gobierno) siempre vamos a encontrar corrupción. Por eso la derecha denuncia y hace hincapié en la corrupción de los Movimientos Nacionales y Populares, porque indefectiblemente, buscando más o menos, van a encontrar un caso o una sospecha. Es muy fácil.
Empezó con Rosas. Nuestro primer proyecto Nac & Pop. El mejor, en contexto, si se me permite. Cuando los traidores federales lo derrocan, cuando el unitarismo toma el poder, el discurso de la corrupción se inauguró con sus adlátares: Lucio V. Mansilla, pariente y ministro del Brigadier General don Juan Manuel, es acusado en la novela de Mármol de un hecho de corrupción de sumas irrisorias, en comparación con el contrabando inglés que se propiciaba, bajo el título de un capítulo: 500 onzas.
De Mansilla a López, pasando por las fábulas del gorilismo durante el peronismo y tras la proscripción, la corrupción ha sido el caballo de Troya de la oligarquía: caballo de Troya ideológico, simbólico e invencible, porque lo adoptamos y le hacemos mimos.